Mario Lacruz

Mario Lacruz (Barcelona, 1929-2000) fue un importante editor que no quiso conformarse con mirar desde la barrera. Publicó en vida tres novelas, que ha reunido ahora juntas la editorial Funambulista bajo el epígrafe "La trilogía de la culpa".

He leído la primera, El inocente, un relato breve e intenso, a la vez psicológico y de acción, una especie de novela negra literaria, si se entiende bien qué quiero decir.

Dos cosas interesantes:

1. A la vez que los hechos, sabemos si a un personaje le duelen ese día las muelas, o si está feliz por la perspectiva de una cena agradable, sus miedos y sus dudas, todo lo que influye en lo que hace tanto como la respuesta lógica a los fríos hechos. Creo que este es un tipo de realismo muy acertado.

2. La arquitectura.
Si la secuencia temporal es
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

la historia se nos cuenta así
4 6 3 7 2 8 1 9 5 10

Es decir, empieza por en medio, y va hacia atrás, intercalando presente y futuro. No sé si lo explico bien pero el efecto de esta estructura me ha gustado.

La historia: muere el padrastro de Virgilio Delise (musicólogo). La policía sospecha de Virgilio.

El tema: el negativo de una foto no refleja la realidad pero es su equivalente. La sugestión puede hacer por la culpa tanto como la realidad: cuidado con lo que deseas, puede cumplirse.

Por ahora devuelvo el tomo a la biblioteca, a lo mejor más adelante me animo con las otras (de otro estilo).

Reader


Desde que descubrí Google Reader he vuelto a mirar blogs que tenía abandonados. Algunas cosas que me interesaron el otro día son estas:

Encuesta sobre el libro digital en España.

Más decálogos de escritores.

Consejos para escribir de grandes escritores.

culturales

Cada vez leo menos los culturales de los periódicos. Me he propuesto volver al menos a echarles un vistazo para ver las novedades. Aquí me apunté algunas reseñas para tenerlas a mano (si es que llego a leer esos libros).

Roth, La humillación.
Pérez-Reverte, El asedio.
Barnes, Nada que temer.
Vargas, un lugar incierto.

El arte de la guerra

Sun Tzu fue un general chino que vivió alrededor del siglo V antes de Cristo. La colección de ensayos sobre el arte de la guerra que se le atribuye es el tratado más antiguo que se conoce sobre el tema. Su obra llegó por primera vez a Europa en el periodo anterior a la Revolución Francesa, en forma de una breve traducción realizada por el sacerdote jesuita J. J. M. Amiot. Muchos lo consideran el mejor libro de estrategia de todos los tiempos

Es un tratado que enseña la estrategia suprema de aplicar con sabiduría el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos de confrontación. No es, por tanto, un libro sobre la guerra; es una obra para comprender las raíces de un conflicto y buscar una solución.

Hoy en día, la filosofía del arte de la guerra ha ido más allá de los límites estrictamente militares, aplicándose a los negocios, los deportes, la diplomacia e incluso el comportamiento personal.

El núcleo de la filosofía de Sun Tzu sobre la guerra descansa en estos dos principios:
· Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño.
· El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar.

Me ha gustado mucho esta lectura, que enseña muchas cosas para la vida real (no sólo militar): evaluar, hacer una estrategia, iniciar acciones, de qué dependen la victoria y la derrota, disponer los medios, firmeza, las tareas de inteligencia (conocer al enemigo). Hay capítulos estrictamente militares: tipos de terreno, atacar sirviéndose del fuego, etc.

Lew Archer

(en la foto: Paul Newman como Lew Archer en Harper)

Ross MacDonald es muy cuidadoso cuidadoso en su escritura. Eso puede ser peligroso en una novela negra porquue puede distraer. Si se está pendiente de capturar y asimilar todas sus imágenes, uno puede perderse en sus laberínticas tramas.

Sus "como..." son tremendamente expresivos y eficaces, hacen que uno se represente sin confusión lo que se quiere señalar. Algunos ejemplos tomados de La mirada del adiós:

En su difusa blancura, el mismo Trutwell parecía algo artificial, como una figura de cera construida con todo esmero y dotada de sonido.

Su tono era al mismo tiempo perentorio e inseguro. Era el tono de una mujer hermosa que se había casado por dinero y nivel social, y que nunca lograba olvidar cuán fácilmente podía perder ambas cosas.

Frunció el entrecejo. Detrás de su hermosa máscara se escondía una niña malcriada, pensé, como un farsante acurrucado detrás de la estatua de un dios.

También poseía una cualidad que me molestaba: cierta duda y confusión en sus ojos, como si hubiera perdido su camino hacía mucho tiempo.

Tenía una manera de querer ser servicial que había notado antes en las hijas de los hombres viudos.

Malet

Malet (Montpellier, 1909-1996) es considerado como una figura clave del polar (novela criminalística) francés. En 1942, en esta novela que ahora recupera Libros del Asteroide, creó la figura del detective Nestor Burma, protagonista de más de treinta novelas, entre ellas el ciclo Los nuevos misterios de Paris (alusión a Sue) iniciado en 1954.

Burma acaba de salir de un stalag alemán y vuelve al Paris ocupado por los nazis. A su paso por Lyon, un antiguo colaborador le susurra el nombre de una calle antes de ser asesinado. Burma reactiva sus viejas habilidades y desentraña un complicado enredo de herencias, corrupción y crimen.

Malet en realidad está más cerca en este libro de la novela de enigma que del negro policial, salvo quizás por algunos rasgos de la personalidad de Burma. El detective se deja guiar por su ingenio y estrella (lo que viene muy bien de paso a Malet para que la historia avance) para ver mucho más que los demás. Al final, como Poirot, reúne a todos en una sala y desenmascara al culpable. Burma se muestra siempre superior a su entorno (sobre todo a la policía) pero no se hace odioso porque Malet contrapesa su egocentrismo con una simpática humanidad a la que no faltan limitaciones poco airosas. Siempre está en la típica posición media del detective, entre los criminales y los policías, con fines y medios no siempre ortodoxos.

Una buena lectura de entretenimiento, con toques de humor y refinamiento, sin truculencias y llena de suspense. Libros del Asteroide piensa seguir con los libros de Malet y ya anuncia Niebla en el puente de Tolbiac, el más famoso.

A buenas horas, mangas verdes

A buenas horas, mangas verdes

Durante el mandato de los Reyes Católicos se crearon los Cuerpos de la Santa Hermandad, tras su aprobación en las Cortes de Madrigal, en 1476. El cuerpo fue constituido para prestar auxilio en cualquier tipo de emergencias. Sus miembros vestían un uniforme con coleto -vestidura de piel que cubre el cuerpo hasta la cintura- y bocamangas de color verde. Relatan los cronistas de los siglos XVI y XVII que este cuerpo se ganó a pulso la fama de impuntualidad.

Generalmente, cuando llegaban al lugar requerido para prestar el auxilio ya se habían cometido los desmanes y siniestros. Y a veces tardaban tanto que los vecinos del pueblo habían resuelto el problema. De ahí que cuando se personaban en el lugar de los hechos, la gente les reprochaba diciendo: ¡A buenas horas, mangas verdes! La frase ha quedado para expresar en sentido peyorativo la demora y llegada tardía de un auxilio, así como para significar que los méritos no llegan en el momento oportuno.

bonita funda para el mac

Rectificar es de sabios

De Ross McDonald leí El martillo azul (su última novela de Archer) en la colección barata que sacó El País hace unos años. No recuerdo nada de ese libro. No me llamó la atención.

Afortunadamente, la intuición de que era yo el que estaba en el error me ha hecho leerle de nuevo, gracias a que RBA ha reeditado en su Serie Negra La mirada del adiós, y a que estaba en la Biblioteca pública.

Es Chandler total, incluso de trama más compleja aún. La he leído un poco rápido y a veces me he sentido algo perdido. Archer es listo y sabe qué información debe dar a cada interlocutor, no siempre la misma ni toda, pues de algunos sospecha (a veces) y otros son sus patrones (a veces). Está la ley pero también su modo de entender la justicia.

Los diálogos son bastante buenos. No se enfrenta a criminales sino a gente acomodada que ha tenido deslices en el pasado.

Imperdonable desde luego que ni lo haya citado en el artículo de novela negra que les dejé.

Ordalía

Poner la mano en el fuego

La procedencia de este dicho, que se utiliza para manifestar el respaldo total a alguien o algo, se remonta a la época en la que se practicaba el llamado juicio de Dios. También conocida como Ordalía, ésta era una institución jurídica que dictaminaba, atendiendo a supuestos mandatos divinos, la inocencia o culpabilidad de una persona o una cosa -un libro, una obra de arte- acusadas de quebrantar las normas establecidas o cometer un pecado. Esta costumbre pagana, que fue común entre los germanos y otros pueblos antiguos, se ejecutaba de formas muy diversas. No obstante, casi todas consistían en pruebas de fuego. Ante el tribunal, el acusado debía sujetar hierros candentes o introducir las manos en la lumbre o en una hoguera. Si la persona salía de la prueba indemne o con pocas quemaduras significaba que Dios la consideraba inocente y, por tanto, no tenía que recibir ningún castigo.

the road

Cuatro sugerencias de la Revista 2/2010, nº 242

pág. 9. La noche de los tiempos, Muñoz Molina. No la he leído.
pág. 20. La carretera, McCarthy.
pág. 23. Cuatro hermanas, Carleton. LO QUE HE PEDIDO.
pág. 33. La voz, Indridason. No la he leído (aún).

(Si miran las entradas anteriores etiquetadas como Círculo de lectores, verán más títulos que siguen apareciendo en esta revista).

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